BESANDO BALLENAS GRISES. BAJA CALIFORNIA

LAGUNA DE SAN IGNACI ...

Después de varios meses de reposo, era hora de volver a la normalidad en mi vida, y para mí la normalidad es viajar. Era el mes de febrero y era el momento perfecto para poder hacerlo .Quería hacer algo especial, y besar y tocar ballenas sonaba perfecto.

De enero a marzo de cada año las ballenas grises, buscan un poco de calor y de protección para dar a luz y criar a sus hijos, y nadan desde Alaska a las aguas del pacífico de Baja California, en específico a la laguna de San Ignacio.

Llegar a la laguna no es fácil. No hay vuelos comerciales y las ciudades cercanas, están algo lejos, y aunque es territorio Mexicano es por carretera desde o hacia los Estados Unidos lo más cercano.

Adoro México y siempre me atrajo la espectacular vida marina de la península de Baja California, así que decidí alquilar un carro en Los Cabos, y después de pasar un par de días de descanso “hollybudense”, me puse al volante a manejar por las costas del mar de Cortés y sus pueblos, en otra oportunidad contaré sobre esto, pero mi objetivo principal era la laguna de San Ignacio.

Maneje 5 horas desde Loreto, en la costa del mar de Cortés hasta la costa pacífica donde queda la laguna. Atravesando lo ancho de la península de Baja California, la carretera es buena, el paisaje es monótono, árido y bastante solitario.

Al llegar a la laguna el alojamiento es sencillo, limpio y buena comida, es un pueblo de pescadores y estos tienen la concesión para llevar a los turistas a ver las ballenas.

Cuando llegue a la laguna me impresioné, había ballenas en todas las direcciones, los pescadores recomiendan dar pequeños golpes a la barca para llamarlas, y ellas vienen acompañadas de sus bebes y te los acercan para que tu juegues con ellos los toques y los beses, es realmente increíble.  Las crías se quedan quietas en la superficie por algunos segundos te da tiempo a acariciarlas varias veces; si te gustan los animales y en especial las ballenas, ¡es mágico!

En los primeros encuentros estaba pendiente de sacar y que me sacaran fotos y al final cuando yo ya estaba con la cabeza mojada de tanto jugar, tocar y besar ballenas, guardé la cámara y me di cuenta de la emoción en los ojos del bebe cuando se acercaba a mí  y la mirada intensa y directa que tenía la madre sobre mí.

Siempre me gustaron las ballenas, pero esto hizo que me gustasen aún más –simplemente quede enamorada-.